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SOZIALÖKONOMIE.INFO

El Plan Bancor de Keynes reloaded
Una idea moderna
por fin se pone de moda

Thomas Betz
  | Trad.: Mirtha Dahl & Íñigo Melero Serrano

   “¡Con 66 años, entonces empieza la vida!“, así dice una canción del famoso cantante Udo Jürgens. Este año también cumplirá 66 años el denominado “Plan Keynes”, conocido como Plan-Bancor.

 Este Plan fue presentado por el economista más importante del siglo XX en la conferencia internacional más importante del mismo siglo. John Maynard Keynes lo presentó en 1944 en Bretton Woods, dónde los vencedores de la II Guerra Mundial discutieron y tomaron decisiones sobre el orden de la economía mundial en la posguerra. Keynes ofició como jefe de la delegación inglesa en Bretton Woods. En aquel momento no consiguió imponerse con su propuesta frente al enorme dominio de los norteamericanos y su Plan cayó en el sueño encantado de la bella durmiente durante décadas.

   Durante mucho tiempo especialistas, economistas y aquellos que explícitamente se identificaban con Keynes desconocían por completo este Plan. Muchos nunca habían oído hablar de él. En 1988 se públicó una traducción al alemán del texto original de Keynes por el economista alemán Jan A. Kregel; pero sin embargo, de forma memorable, no en una revista especializada en economía, sino en la edición alemana de “Lettre International“, un periódico europeo de gran formato dedicado al arte, la cultura y la literatura.[1]  Diez años más tarde – en 1998 – apareció la primera publicación del propio autor sobre el tema en el marco de una discusión sobre la estabilidad del euro.[2]

   Desde entonces se ha avanzado bastante y el Plan Keynes ya no es un completo desconocido. No sólo Attac (www.attac.de) y la UNCTAD[3], sino también el presidente del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, solicitan no sólo una reforma del actual sistema financiero mundial, sino también, explícitamente, la aplicación del Plan Keynes o, como mínimo, un reajuste concreto según las reformas reivindicadas en dicho Plan (ver abajo). Pero primero: ¿de qué se trata?

Ideas fundamentales del Plan Bancor

  
El Plan Bancor[4] establece la fundación de una Unión para el tráfico internacional de pagos, la denominada  “International Clearing Union- ICU“, que se basaría en una moneda bancaria internacional – en cierto modo virtual -  llamada Bancor. El Bancor se mantendría en una paridad fija (pero no inmutable a largo plazo) en relación con las monedas participantes en el sistema, pero no existiría como billete real, ni se usaría como medio de pago entre los agentes económicos. Los bancos centrales de los países miembros tendrían cuentas en la ICU que les posibilitarían equilibrar entre sí sus balanzas comerciales, expresadas en unidades Bancor. A los países con un saldo positivo en su balanza comercial (es decir, para aquellos que exportan más bienes y servicios que los que importan) se les adjudicará un crédito en Bancor en la ICU, y a los que tengan un saldo negativo en la balanza una deuda correspondiente.

   El sistema va acompañado de medidas que evitan la acumulación ilimitada tanto de créditos como de deudas. Para cada país se establecería - de acuerdo con una fórmula que tiene en cuenta su actividad económica externa actual - el nivel máximo permitido de su deuda frente a la Unión, la llamada “cuota”, que se controlaría y ajustaría en períodos prefijados. Si el promedio del saldo en la balanza comercial de un país miembro sobrepasase en un cuarto su cuota, entonces debería pagar una tasa del 1% por esa diferencia sobrante al Fondo de Reservas de la ICU, ¡independientemente de si se trata de un saldo acreedor o deudor! Si el saldo sobrepasase la mitad de la “cuota” aumentaría la tasa al 2%. Los países miembros que tuviesen deudas podrían, de acuerdo con unas condiciones recíprocas preestablecidas, negociar y recibir préstamos de los países con crédito, de modo que tanto los acreedores como los deudores evitarían pagar las tasas a la ICU. Así, según la lógica del mercado, las condiciones para estos créditos tendrían una tasa de interés por debajo del 1% o del 2% respectivamente, ya que los deudores no estarían dispuestos a pagar de ningún modo más de lo que deberían pagar a la ICU. Por otra parte, también los acreedores verían con satisfacción el no tener que pagar tasas a la ICU y, en el caso ideal, prestarían a una tasa de interés cercana o igual a 0%. Bajo estas condiciones, incluso también sería imaginable que los acreedores pudiesen aceptar -por lo menos temporalmente- operaciones con tasas levemente negativas, si con ello su posición les pareciese mejor a la que tendrían si tuvieran que pagar las tasas en cuanto multa.

   Keynes agrega: “Por otro lado, la ICU debe poder influir sobre los países acreedores que dejan sin utilizar sus enormes reservas de liquidez para que puedan ser empleadas de forma útil. Los saldos acreedores excesivos de una parte provocan necesariamente balanzas con saldos deudores elevados en la otra parte. Con el reconocimiento del hecho de que tanto el acreedor como el deudor puede ser responsable de la falta de equilibrio en la balanza de pagos, la Institución propuesta entraría en un mundo absolutamente nuevo.”[5]

   Cuando la cuenta deudora superase en más de un cuarto la cuota, los países miembros sólo estarían autorizados a ajustar la cotización de su moneda en relación al Bancor. Si superase en más de la mitad la cuota, la ICU podrá exigir una devaluación de la moneda del país miembro, así como “recomendar” al gobierno de ese país “aquellas medidas económicas internas que parezcan adecuadas, para reequilibrar su balanza internacional de pagos“[6]. Si la cuenta deudora de un país miembro finalmente superase los tres cuartos de su cuota, la ICU podrá exigir otras medidas más duras a dicho país.

   Pero también se debe poder exigir la rendición de cuentas a los países acreedores: si el saldo acreedor de su cuenta supera la mitad de su cuota “entonces deberá considerar, junto con la Dirección (de la ICU - TB), qué medidas necesarias deberá tomar para lograr un equilibrio en su balanza internacional de pagos“.[7] Entre ellas estarían:

a) Medidas para aumentar la demanda interna,

b) Revalorización de su moneda nacional en relación al Bancor o, de forma paralela o alternativa, un aumento de los salarios,

c) La reducción de los aranceles y otras trabas a la importación,

d) Préstamos internacionales para el desarrollo de los países económicamente más atrasados.

Para evitar que las aproximaciones a la cuotas, reales o estimadas, lleven a los países participantes a adoptar medidas para restringir o influir el comercio internacional de forma contraria al mercado, que pudiesen retrasar la prosperidad de la toda economía mundial, se deberán eliminar:

– Restricciones a las de importaciones,
– Acuerdos comerciales de intercambio,
– Cupos a la exportación e impuestos discriminatorios a la exportación,
– Subsidios a la exportación,
– Tasas de aduana “que sobrepasen el nivel adecuado y razonable”.

   Además de su efecto directo sobre el comercio mundial, el Bancor tendría también múltiples efectos positivos en otros ámbitos de las relaciones internacionales. Así, Keynes mencionaba en su diseño la creación[8] de:

– Organismos internacionales que se ocupasen, en el periodo posguerra, de los programas de saneamiento y de reconstrucción,
– Un poder supranacional “que tuviese la misión de preservar la paz y mantener el orden internacional“,
– Una institución internacional para las inversiones,
– Un organismo internacional que se ocupe de la dirección del abastecimiento de materias primas y que, por ejemplo, financie reservas de materias primas.

   Las instituciones mencionadas deberían trabajar estrechamente con la ICU[9] y con ello (ahora viene lo “clásicamente keynesiano“) combatir los efectos adversos de los ciclos coyunturales mediante la ejecución de impulsos de moderación o de crecimiento en todo el sistema o en sectores determinados. La financiación de las funciones consuntivas (mantenimiento del orden, reconstrucción, etc) podría conseguirse a través del Fondo de Reserva.

   La  ICU sería, pues, una institución que organizaría el multilateral barter trading (es decir, transacciones de compensación) en base a una “moneda“ que sólo aparece en la incripción contable de las prestaciones realizadas en el activo del prestador y en el pasivo del consumidor, o sea, que desiste totalmente de la circulación del dinero en sentido común. Por tanto, se podría comparar con un “círculo de trueque” entre estados nacionales. Expresado en términos financieros, se trata de un “Banco“ que utiliza una unidad monetaria no convertible, que nunca tendrá problemas de liquidez, que siempre podrá pagar, que nunca quebrará y que, por todo esto, no necesitará mantener reservas. En este sentido, se podrá prescindir también de las aportaciones financieras de cada uno de los países miembros para formar un stock de capital para un fondo que otorgue préstamos (como ocurre en el caso del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial actuales). La oferta de liquidez se haría exactamente en función de las necesidades de financiación del comercio internacional. En relación a la demanda, por tanto, nunca se dispondría de demasiado o demasiado poco dinero internacional. El valor de la moneda internacional sólo se determinaría por procesos endógenos y no dependería de reservas de oro, de la confianza depositada en un patrón-moneda o del grado de liquidez dispuesto  por el país del patrón-moneda . Con esto se solucionaría el gran dilema que se presenta a menudo en la práctica actual entre el uso del patrón moneda (el dólar -$- de EEUU), por un lado como moneda nacional y, por otro lado, como reserva de los bancos centrales y de la liquidez internacional (ver abajo).

   Keynes recalcó que otra ventaja significativa del sistema consistiría en que no se retiraría de circulación más liquidez del mercado a través de mecanismos de atesoramiento, y de esta forma se evitaría que se ejerciese una presión deflacionaria con efectos de contracción en la economía mundial . Sobre todo se debería eliminar, explícitamente, la convertibilidad del Bancor en oro. Con ello parece que se refería a EE.UU., que utilizó los superávits de su balanza comercial a finales del s.XIX y en la primera mitad del s.XX para reunir el mayor tesoro en oro de la historia de la humanidad:

“Así como el desarrollo de los sistemas bancarios nacionales llevó a la desaparición de una presión deflacionaria que habría evitado el desarrollo de la industria moderna, podemos esperar que, mediante la aplicación del mismo principio a nivel internacional, consigamos compensar las tendencias de contracción, ya que si no, éstas podrían conducir a que las oportunidades futuras de nuestro mundo moderno se hundan en medio de agitaciones  y decepciones sociales. Un mecanismo de crédito en lugar de uno de acumulación produciría, una vez más, el milagro en el ámbito internacional que ya ha transformado la piedra en pan a nivel nacional.”[10]

   Así pues, los países acreedores sólo deberían tener la posibilidad de gastar sus superávits comerciales o bien de prestarlos sin interés o con uno bajo, pero no de atesorar dichos superávits, ni en oro ni en moneda extranjera (ver abajo) ni tampoco en cualquier otra forma, puesto que el Bancor sencillamente no serviría para ser atesorarado.  Pues:  “La negativa a otorgar créditos se sancionaría con una tasa de interés negativa sobre sus depósitos o con su confiscación.“ [11]

   “El objetivo principal se deja explicar en una frase“, sostuvo Keynes ante la Cámara Alta británica, “ocuparse de que el dinero que se obtiene por la venta de bienes en un país se pueda usar para comprar bienes de otro país. En términos especializados: un sistema de compensación internacional. En (inglés) lengua común: una moneda universal válida para los intercambios de bienes en todo el mundo. Todo lo demás en el plan está subordinado a esta idea básica.” [12]

   La relación entre Bancor y oro es similar a una calle con un sentido único: es decir, cada país debería poder “comprar“ créditos en Bancor en la ICU vendiendo oro, pero en ningún caso, en sentido contrario, disponer de créditos en Bancor para adquirir oro, ni tampoco para “volver” a adquirir el oro anteriormente vendido. Con ello se fortalecería el papel del Bancor como moneda reserva y el oro de los de los bancos centrales ser iría acumulando paulatinamente en la ICU. Keynes parecía tener bastante claro que el poder está donde está el oro y viceversa (ver abajo).

   Keynes también resaltó en su sistema el carácter multilateral del entramado de relaciones en las corrientes comerciales, pues cada país sería siempre acreedor o deudor en relación a la ICU, y no tendría que esperar a que un país acreedor le comprase bienes o un país deudor le suministrase bienes. De hecho, en los tiempos de Bretton Woods, esto era menos evidente de lo que lo es hoy en día: por un lado, la proporción del comercio internacional en el comercio total era mucho menos significativa y, por otro lado, a menudo el comercio internacional era esencialmente bilateral y, cuando era de carácter multilateral, frecuentemente se respaldaba con oro.   

El dólar estadounidense como patrón-moneda internacional y el dilema de Triffin

   En la actualidad, sin el Bancor, tenemos en pleno funcionamiento un comercio internacional multilateral desequilibrado y sin estar respaldado en oro. Pero en lugar del oro surgió la llamada moneda de referencia, el dólar estadounidense. Esto era precisamente lo que Keynes quería evitar con el sistema de la ICU: “para asegurar que la libra esterlina y el dólar no compitan con el Bancor como moneda reserva internacional, Gran Bretaña y los Estados Unidos podrían llegar a un acuerdo para no aceptar depósitos de reserva de otros países que excedan el tamaño necesario.“[13]

   No hace falta ser un moralista para considerar injusto el sistema actual: las disparidades económicas no se combaten sino que, por el contrario, se acentúan. Los empresarios y bancos del país de la moneda reserva pueden calcular en base a su propia moneda, para ellos desaparecen por completo los costes para asegurar los riesgos de fluctuaciones de cambio y las provisiones sobre el tipo de cambio, y los riesgos se traspasan al exterior. El resto del comercio mundial - también el comercio entre sí - tiene que tener liquidez en la moneda reserva, ya que casi todo el comercio mundial se lleva a cabo de esta forma.[14] Al final, el patrón-moneda se impone también como medio internacional para preservar el valor. No sólo las dos terceras partes de las reservas monetarias de los bancos centrales se mantienen en dólares estadounidenses, sino también casi la mitad del total de los ahorros privados. Incluso los campesinos chinos guardan sus ahorros en billetes de dólar.

   A través de las llamadas interdependecias se inducirá una mayor demanda de la moneda patrón que podrá responderse cómodamente con un aumento de la cantidad de moneda patrón en circulación, sin que por ello el riesgo de inflación amenace  al país del patrón-moneda. El dinero se necesita “fuera“ y por tanto no afecta a la demanda interna. La ventaja adicional del banco central así conseguida redunda en beneficio, por supuesto, del país del patrón-moneda. Como tal, se puede vivir bastante bien cuando se pasa de ser acreedor internacional a deudor internacional, como ocurre en el caso de los Estados Unidos. Pues el endeudamiento en su propia moneda ocurre de forma natural, sin problema alguno en comparación: “We just print the money!“ (¡Simplemente imprimimos dinero!).

   Lo que Keynes quería evitar al final de su vida era exactamente la intención de sus adversarios. Como ya se sabe, no se pudo imponer en Bretton Woods. En cambio, entró en funcionamiento el “White-Plan“ norteamericano, un sistema con tipos de cambio fijos respecto al dólar en el centro, una relación indirecta con el oro (a través del dólar) y, por supuesto, con el cobro de intereses sobre los saldos deudores. Keynes se refirió – extraoficialmente- al White-Plan con las siguientes palabras: “Esto ya no es un sistema monetario, sino un bar en el que el propietario, embriagado, convence a sus clientes para que también beban. El que quiera permanecer sobrio será expulsado. El propietario borracho lo pondrá de patitas en la calle con sus propias manos.“[15]

   Estados Unidos no sólo fue la potencia vencedora de la II Guerra Mundial política y militarmente, sino también lo fue económicamente, al ser la única economía no destruida, y sólo por ello estaba en posición de ser la gran potencia acreedora mundial. Es obvio que el “White-Plan“ respondía más a los intereses económicos y políticos de EE.UU. que el Plan-Keynes. Por esto, y no porque no fuera practicable, el Plan-Keynes se desechó en Bretton Woods. El propio Keynes destacó, conscientemente, que su sistema no debía ser visto sólo como una idea bonita, sino que era posible llevarlo a la práctica ”independientemente de la forma de gobierno y de los principios de la política económica de los países miembros involucrados.“[16] Diametralmente opuesta a todo ello es la práctica actual de la intervención obligatoria del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la utilización de créditos que reciben los países necesitados.

   Exactamente para contrarrestar el peligro de una práctica como la actual del FMI, deseaba Keynes un cambio transcendente: “Las regulaciones propuestas difieren de las del sistema de antes de la guerra en un punto importante, ya que la responsabilidad de volver a establecer un equilibrio la cargan no sólo el país deudor sino también en parte el país acreedor…. Las medidas tienen como finalidad sacar a los países acreedores de su papel pasivo. Mientras esto no ocurra, los países deudores, que ya están en una posición débil, se encontrarán en determinadas circunstancias con un problema que no se podrá solucionar."[17]

   Pero no se trata (sólo) de moral. Entre tanto se trata de mucho más: cada dólar estadounidense en poder de China, ya sea de un campesino chino o del Banco Central de China, es el fruto de un servicio que China ha prestado a EE.UU. El dólar estadounidense, en sí mismo, no es propiamente un bien sino, en todo caso, una promesa para la obtención de bienes y servicios. Por lo visto, cada vez más personas se empiezan a preguntar no sólo cuándo, sino también, si de verdad algún día podrán obtenerse dichos bienes y servicios como contrapartida.

   Bajo el titular “Lejos del dólar– Ha llegado el momento para un nuevo sistema monetario internacional“ el periódico Süddeutsche Zeitung (SZ) se ha expresado sobre este tema como sigue: “Los rusos lo quieren, los chinos también, y por supuesto los árabes, pero hasta ahora en occidente casi nadie escucha como es debido. Se trata de crear un nuevo sistema monetario internacional, uno que sea independiente del dólar estadounidense, que pierde cada vez más confianza mientras más tiempo dure la crisis…. Si occidente sigue ignorando las propuestas de las nuevas potencias económicas emergentes, correrá el riesgo de un cambio descontrolado hacia una nueva moneda reserva. Una fuga repentina del dólar, en la crisis actual, tendría muchas otras implicaciones. En tal caso, nadie sabría qué moneda se impondría al final. Enormes turbulencias serían la consecuencia, con graves repercusiones para los países participantes y también para toda la economía mundial. En el pasado, las crisis monetarias terminaban frecuentemente con la prevalencia del oro o de una moneda convertible en oro, estabilizándose así el valor del dinero.”[18]

   Los Estados Unidos no están mal armados para el caso urgente al que se refiere el SZ. El dólar estadounidense, pues, consigue el hechizo de que el mayor deudor de la historia de la humanidad se asiente sobre el mayor tesoro de oro de la historia de la humanidad. La moneda de reserva típica de los bancos centrales de este mundo es el dólar, el 65% de media. Pero la reserva monetaria típica de la Reserva Federal norteamericana, o sea, del Banco Central de los EE.UU., es el oro, hasta el 78%. Con 8.113,5 toneladas de oro, la Reserva Federal posee el 27,3% de todo el oro en poder de los bancos centrales del mundo. En segundo lugar, hoy en día, le sigue Alemania con 3.408,3 toneladas de oro, resultado principalmente de los enormes superávits del comercio exterior alemán del período inmediato de la posguerra. Pero el oro alemán, de igual manera, se encuentra en los EE.UU., por lo menos en su mayor parte. El FMI tan sólo ocupa el tercer lugar, con 3.217,3 toneladas. Pero éste también está en Washington. Solamente con las tres primeras posiciones (el mundo cuenta actualemente con 193 países) está depositada físicamente la mitad de la reserva monetaria en oro de todos los bancos centrales en el territorio de los EE.UU.- protegido contra bombas atómicas en Fort Knox, Manhattan o en algún otro lugar. Pero esto no es todo. Al menos otros 60 bancos centrales dejan por lo menos una parte de sus reservas en oro en los EE.UU para su administración, custodia y protección. El oro de los bancos centrales apenas representa un cuarto del stock de oro de todo el mundo pero, con este trasfondo y el hecho de que EE.UU., como economía más potente del mundo (y con gran diferencia), produzca una cuarta parte del producto bruto mundial, obtenga a la vez un ingreso per cápita muy alto, que sin embargo está muy desigualmente distribuido, sorprendería muchísimo si la situación fuese muy diferente en el ámbito de la propiedad privada del oro.

   Es cierto, como escribe el SZ (ver arriba), que la confianza en el dólar sufre por la crisis, pero, a la inversa, también es verdad (e importante de comentar) que la crisis no habría sido posible sin el dólar en el marco del sistema financiero mundial vigente.

   El economista belga-americano Robert Triffin llamó la atención, ya en 1960, sobre un error de construcción del sistema de Bretton-Woods (vigente en aquel tiempo), o sea del Plan White, que pasó a denominarse entre los especialistas como “Dilema de Triffin“. Con unas reservas mundiales de oro que no se pueden ampliar como telón de fondo, la alimentación de la expansión de la economía mundial, con el dólar como patrón moneda, sólo podría garantizarse en la medida en que los EE.UU. asumieran el compromiso de sustituir la garantía de cambio del dólar por oro por la garantía de cambiar esta moneda por bienes y servicios de su propia economía. Triffin no sólo pronosticó correctamente la desvinculación del dólar respecto del oro (realizada finalmente por Richard Nixon en 1971), sino también el endeudamiento de los EE.UU. con el resto del mundo, ya que sólo a través de la generación de un saldo con superávit el dólar de los EE.UU. puede llegar a todo el mundo y ejercer como moneda internacional, de manera tal que Alemania sólo puede comprar petróleo a Arabia Saudí a cambio de dólares. Asímismo, también pronosticó en su libro “El oro y la crisis del dólar“ inestabilidades cada vez más grandes e incluso, al final, una crisis del dólar -igual de acertado, evidentemente, como se demuestra en la actualidad.

   Triffin escribió en su momento: “Si existe una oportunidad de hacer frente a estos problemas a tiempo, antes de que tenga lugar una gran crisis del sistema monetario internacional, es una cuestión que sólo la historia puede responder y responderá.“[19] Está claro que la historia, mientras tanto, ya ha respondido a esta pregunta. Claro está también que no es de recibo afirmar -y menos los economistas- que la crisis actual no era previsible. Triffin en modo alguno se limitó a quedarse en la torre de marfil académica, sino que en 1960 prestó declaración sobre el tema ante el Congreso de los EE.UU., entre otros. También se constata, como muy tarde desde la crisis asiática a finales de los 90, que el flujo descontrolado de liquidez alrededor del planeta nada tiene que ver con la generación de valor real y tampoco con los intereses de una mayoría democrática. Y finalmente, queda también claro que bajo el régimen del Bancor no habría podido tener lugar un error de construcción denominado dilema de Triffin.

El Plan Bancor en la agenda de Attac

   De acuerdo con sus propias pretensiones, Attac descubrió relativamente tarde este tema: hace poco más de dos años un documento sobre su posicionamieto al respecto convirtió el Plan Keynes en “una exigencia apropiada de la izquierda en la actual crisis financiera.“[20] Las propuestas que ya existían antes para la mejora del sistema financiero mundial, entre ellas algunas de la misma Attac, -la tasa Tobin, zonas de fluctuación de tasas de cambio, controles en el movimiento de capitales, derecho internacional sobre insolvencia- deberían servir como catalizadores con vistas a alcanzar, en última instancia, la implantación del Bancor.[21] Bajo el régimen de la ICU, el poder de los mercados financieros liberalizados quedaría significativamente reducido; la economía mundial sería mucho más estable a causa de unos tipos de cambio más rígidos y del establecimiento de un mecanismo simétrico de sanciones para superávits o déficits; el cambio de paradigma en la economía alemana, exigido ya desde hace tiempo, de una orientación hacia la exportación a una orientación hacia el mercado interno, sería inevitable, y con ello se alcanzaría la armonización de los intereses de las personas de los países en vías de desarrollo con los de los trabajadores alemanes que dependen de las exportaciones. Unos mayores márgenes de maniobra financieros y económicos establecerían la premisa para la superación del conflicto Norte-Sur por un lado, y para una redistribución más activa de los de arriba hacia los de abajo por otro lado. Y, finalmente, el Plan-Keynes “se aplica más allá del sistema y en ningún caso depende de la permanencia del capitalismo“.[22] 

El Plan Bancor como principio de una steady state economy

Herman Daly, antiguo economista jefe del departamento de Medio Ambiente del Banco Mundial se ha convertido, a lo largo de su carrera académica, en un crítico pertinaz del crecimiento económico y en un adepto inflexible de una steady state economy (economía de crecimiento nulo). “Lo que queda de la naturaleza ya no está en condiciones de ofrecer las fuentes y los flujos para la digestión y el metabolismo necesarios para mantener en funcionamiento la sobredimensionada economía mundial actual. Y mucho menos está en condiciones de soportar una economía en continuo crecimiento… Durante 200 años hemos vivido en una economía de crecimiento. Esto dificulta imaginar cómo sería una steady state economy, aunque la humanidad haya vivido la mayor parte de su existencia en un sistema económico en el que el crecimiento anual era despreciable… Independientemente de si será fácil o difícil, debemos tratar de alcanzar una steady state economy porque no podemos seguir creciendo”. [23]

   En el año 2008  Daly fue elegido “Persona  del Año“ por la revista canadiense “Adbusters“. En su discurso con ocasión de la entrega del premio, esperado con expectación, indicó los caminos para llegar al objetivo de una steady state economy. Daly reconoce que una economía que deje de crecer presupone necesariamente un sistema monetario que ya no dependa del crecimiento. A la vista de las economías nacionales existentes, defiende el abandono del actual sistema monetario y el regreso a un sistema con una reserva del 100%. Se trata de una idea ya concebida por Henry Simon, desarrollada más tarde por Irving Fischer en su libro “100%-Money“[24] en 1935, posteriormente retomada por otros autores, como  Milton Friedman y Joseph Huber, que la continuaría desarrollando en sus libros “Vollgeld“ (“Dinero total” 1998) y “Geldschöpfung in öffentlicher Hand“ (“La creación de dinero por el poder público” 2008)[25].“Prestar dinero que fue ahorrado de facto por alguien es lo que asegura de nuevo el elequilibrio clásico entre ahorrar e invertir. La imposición de una mayor disciplina en la adquisición y la concesión de préstamos habría evitado la debacle actual de la “crisis de las subprime“[26]. Pero a la vista de la economía global Daly también aboga por la “resurrección“ de la ICU de Keynes a través del FMI.

El redescubrimiento del Plan Bancor en China, Rusia y en las Naciones Unidas

   El 23 de marzo de 2009 el presidente del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, se manifestó públicamente, con toda claridad y sin dejar lugar a dudas. Xiaochuan no hizo referencia explícita al dólar estadounidense pero mencionó el dilema de Triffin (ver arriba) e indicó que es “un caso especialmente raro en la historia“ el que “una moneda nacional basada en el crédito“ sirva como moneda internacional de reserva. El irremediable superávit en las importaciones y el conflicto o dilema entre la necesidad de limitar la liquidez, y con ello la inflación y la formación de burbujas económicas, en interés de la política monteria nacional, y la necesidad, por otro lado, de proveer de la liquidez necesaria al comercio internacional en expansión, son irresolubles y responsables de unas crisis financieras cada vez más frecuentes e intensas. Cada vez es más evidente que las desventajas del sistema prevalecen sobre las ventajas y, al final, el precio a pagar es demasiado alto, incluso para el país del patrón moneda:

   “Por esto, el objetivo que vale la pena de una reforma del sistema monetario internacional es la creación de una moneda internacional de reserva que no dependa de ningún país y que sea capaz de permanecer estable a largo plazo y, de este modo, eliminar los déficits intrínsecos que se originen por el uso de monedas nacionales para la concesión de créditos.

   Aunque la moneda supranacional de reserva se propuso hace mucho tiempo, hasta el día de hoy no se ha alcanzado ningún progreso sustancial. Keynes ya había sugerido en la década de los 40 del siglo pasado introducir una unidad monetaria internacional denominada “Bancor“ ... Lamentablemente esta propuesta no fue aceptada. El colapso del sistema de Bretton-Woods, que se basaba en el Plan White, demuestra que el Plan Keynes probablemente había sido más visionario...

   Una moneda de reserva supranacional no sólo elimina los riesgos inherentes a una moneda nacional basada en el crédito, sino que también permite regular la liquidez global. Una moneda supranacional de reserva- dirigida por una institución global- podría utilizarse tanto para crear liquidez global como para controlarla. Y cuando la moneda de un país ya no se utilice como parámetro de medida para el comercio mundial ni como punto de referencia para otras monedas, entonces la política monetaria de dicho país sería más efectiva con miras a corregir los desequilibros de su economía. Esto reduciría considerablemente el riesgo de una futura crisis económica, aumentando la capacidad de los controles de gestión de las misma.

   La reforma debería seguir el trazado de una gran visión, empezando con unidades de trabajo abarcables. Debería ser un proceso paso a paso que condujera a resultados positivos para todas las partes... La creación de una moneda de reserva internacional basada en el Plan-Keynes es una iniciativa audaz que requiere una visión política y un coraje excepcionales.“[27]

   “Ataque al dólar- Los Chinos reavivan el debate sobre una nueva moneda mundial“, así tituló el periódico ZEIT un artículo que comentaba: “Hace un año habría sido inimaginable una iniciativa como ésta.“[28] Entretanto, el Plan Keynes también llegó al periódico FAZ (Frankfurter Allgemeine Zeitung). Bajo el titular “El Bancor como moneda del mundo“ el redactor de economía Gerald Braunberger escribe: “La insatisfacción en los principales países emergentes, como China, respecto al dólar como moneda más importante del mundo ha aumentado en los últimos meses. La preocupación que se extiende por los mercados financieros respecto a que los norteamericanos permitirán tasas de inflación más altas en los próximos años para financiar su desbordante déficit público refuerza este malestar. Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial tienen lugar deliberaciones fundamentales sobre otro sistema monetario internacional.“[29]

   Además, Braunberger publicó en el otoño pasado un libro sobre Keynes, “Keynes para cualquier persona – El renacimiento del economista de la crisis”. En él no sólo se elogia al propio Keynes, sino también se describe y se alaba favorablemente el plan para un nuevo sistema financiero mundial que él propuso. “La intención de Keynes era evitar la formación de enormes saldos en la balanza comercial, que rechazaba no sólo por razones económicas sino también políticas, ya que podrían provocar serias tensiones entre naciones. Situaciones como la actual, en la que los EE.UU. acredita unos exorbitantes déficits en su balanza de comercial, mientras que China acumula enormes reservas monetarias como consecuencia de sus elevados superávits en la balanza comercial, no habrían sido posibles en el modelo de Keynes.“[30]

   El 16 de junio de 2009 el presidente de Rusia Medvédev, en una Conferencia de países asiáticos en Ekaterimburgo, argumentó en el mismo tenor que China: “Debemos reforzar el sistema monetario internacional, no sólo mediante la consolidación del dólar, sino también a travéz de la creación de una nueva moneda de reserva.“[31] Es cierto que Medvédev (todavía) no se refería directamente al Bancor, sino que sugería que se ampliase el mecanismo de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI, dándoles la cobertura con materias primas u oro. Bajo el título “Ataque al dólar – Medvédev exige un nuevo patrón moneda“ el periódico “Süddeutsche Zeitung“ escribió: “La iniciativa de Medvédev es el llamamiento a los países industrializados occidentales más reciente y, hasta el momento, el más claro, para que participen en una discusión sobre un nuevo orden financiero mundial, que hasta ahora ha tenido lugar, sobre todo, en Asia, en Oriente Medio y en partes de Sudamérica. Se trata de sustituir gradualmente el dólar, indiscutible hasta ahora, como patrón moneda en el comercio mundial y como moneda de reserva, ya que éste refleja cada vez menos las verdaderas relaciones de poder en los mercados mundiales.“[32]

   El 21 de junio de 2009 una comisión de expertos, bajo la coordinación del ex economista jefe del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, presentó un informe sobre la reforma del sistema financiero y monetario internacional encargado por Naciones Unidas.  Entre otras cosas, llama la atención la referencia a que ciertas “filosofías económicas“ se consideran la causa de los errores que se cometieron en relación con la crisis, particularmente las llamadas neoliberalismo y fundamentalismo de mercado.[33] En cambio, los “mayores filósofos económicos“ son, junto a Keynes - se crea o no- Marx.[34] El economista alemán Jan A. Kregel, antes mencionado, también colaboró en el informe. Por tanto se puede imaginar que fuese él el autor del siguiente párrafo:

   “De hecho, la idea de una moneda de reserva internacional que imprime un banco supranacional no es nueva. Hace ya más de 75 años que John Maynard Keynes en su libro “Treatise on Money“ expresó esta idea y la especificó en su Plan de Bretton-Woods para una International Clearing Union… Existe una gran necesidad de debatir en el seno de la comunidad internacional de cara a concretar la reestructuración. No obstante, es ésta una idea cuyo momento ha llegado. Es un Plan ejecutable y es obligatorio que la comunidad internacional empiece a trabajar en la configuración de un nuevo sistema global de reserva monetaria.“
[35]

    El informe de la UNCTAD “Trade and Development Report 2009” llamó aún más la atención: “La ONU quiere sustituir el dólar por una nueva moneda global“ fue el titular del periódico británico The Telegraph.[36] La  UNCTAD, “en un informe radical“, señala que el actual sistema financiero y monetario no funciona bien y que es la principal causa de la crisis financiera y económica. El sistema actual con el dólar como moneda de reserva internacional debería ser sometido a una revisión completa. Ésta ha sido la primera vez que una institución multinacional ha hecho una propuesta semejante.

   En referencia al informe de la Comisión Stiglitz (ver arriba), el “Trade and Development Report 2009” de laUNCTAD también remite al Plan-Keynes[37], pero igualmente advierte que el FMI, con su actual estructura, no estaría en condiciones de hospedar a la ICU porque casi ningún país lo reconocería como una institución neutra.[38] 

El SUCRE en los países del ALBA de América Latina

Mientras algunos todavía discuten otros ya logran hechos. El día 3 de febrero 2010 se ejecutó la primera transacción financiera con el SUCRE (Sistema Unitario de Compensación Regional), cuando Cuba pagó el suministro de 360 toneladas de arroz de Venezuela con 108.000 SUCRE. El SUCRE, que actualmente tiene un valor de 1,25 en relación al dólar estadounidense, es la unidad monetaria contable común de los países del ALBA para el comercio recíproco. Con esto se espera facilitar la integración económica de los países de la región y al mismo tiempo reducir la dependencia del dólar.[39]

   La nueva moneda se implantó el 27 de enero del 2010 y existe sólo como moneda contable. La implantación del SUCRE se decidió en Noviembre del 2008 por los gobiernos de los seis miembros del ALBA, Bolivia, Dominica, Honduras, Cuba, Nicaragua y Venezuela junto con Ecuador. ALBA significa “Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América - Tratado Comercial de los Pueblos”[40] y es un pacto económico, y también político, entre nueve países de Latinoamérica y del Caribe en estos momentos. Esta alianza representa una alternativa a la Asociación de Libre Comercio de toda América, ALCA, planeada por los EE.UU.

   Es verdad que el SUCRE no es todavía el Bancor, pero existen interesantes paralelelismos: como el Bancor, el SUCRE no aparece en forma de dinero efectivo ni tampoco sirve como medio de pago a nivel nacional. Al igual que el Bancor, el SUCRE es sólo un sistema de compensación a nivel supranacional. Y como el Bancor, el SUCRE no necesita ninguna moneda nacional como patrón moneda, ni siquiera al dólar estadounidense. Ya se verá lo que ocurre con esta iniciativa, pero se ha logrado un comienzo. 

Resumen

¿Qué aportaría al mundo un orden monetario internacional basado en la idea de Keynes?
[41]

● Países autónomos que, con sus propias monedas internas estabilizadas, se interrelacionarían mediante un vínculo nuetro.

● Relaciones monetarias más justas y equilibradas en cada país que deben ser la premisa  para relaciones estables y pacíficas a largo plazo.

● Buenas condiciones desde el punto de vista de política monetaria para una convergencia en la economía real. En lugar de los actuales procesos de polarización habría procesos de equiparación.

● Un sistema abierto a la participación voluntaria de los países de todos los rincones del mundo, los cuales, poco a poco, con ayuda de préstamos sin intereses (ver arriba), podrían construir lenta y cuidadosamente su potencial económico sin caer en una relación de dependencia económica imperialista a través de espirales de deudas crecientes.

   Un gran partidiario del Plan-Keynes, desde siempre, es también el popular economista alemán Wilhelm Hankel[42]: “el globalismo financiero estaría bajo control. Se amansaría y sería perfectamente operativo…, pues las fluctuaciones en las cotizaciones de las monedas casi no tendrían lugar y con la reducción de los riesgos de cambio también disminuirían los negocios especulativos así como los peligros de debacle en los mercados. La comunidad bancaria internacional volvería a estar bajo las riendas de un FMI revalorizado como Banco Central del Mundo. Los mercados financieros internacionales dejarían de ser un coto de caza para tiburones de créditos y de los oportunistas.”[43]

  También la conocida politóloga franco-americana, fundadora de Attac y durante muchos años su vicepresidenta, Susan George, apuesta por la revitalización del debate en torno al Plan Bancor de Keynes: “Con una ITO y una ICU se podría desarrollar un orden mundial en el que no sería posible un enorme déficit comercial como el que muestra EE.UUU. en la actualidad, ni tampoco un enorme superávit en la balanza de pagos como el que hoy obtiene China. En tal sistema también sería impensable la acumulación de deudas opresivas en el tercer mundo así como los siniestros programas estructurales de ajuste que el FMI y el Banco Mundial conciben para los países pobres… Keynes, como ya se sabe, no tuvo la oportunidad de poner en práctica su idea en aquella época. Hoy en día, quienes salieron perjudicados por ello son los países subdesarrollados, en los cuales el FMI y el Banco Mundial han causado estragos con sus planes de ajuste estructural.“[44] Y el economista medioambiental británico George Monbiot exalta los méritos del Plan Bancor como sigue: “El regalo que Keynes nos hizo, y que hasta ahora no hemos querido aceptar, es un mundo en el que los países pobres no deben hacer lo que los ricos les prescriben – sí, un mundo en el que no deben permanecer pobres”.[45]

   Deberíamos alcanzar (nuevamente) un consenso respecto a que la llamada economía de mercado no debe ser un fin en sí mismo, sino que, precisamente en la época de la globalización,  tiene que estar al servicio de las necesidades humanas. Y esto porque el ser humano no debe existir para satisfacer la voluntad del mercado mundial, sino que, en todo caso, el mercado mundial debe existir para satisfacer la voluntad del ser humano. Quien quiera un mercado global también ha de querer un marco reglamentario para el mercado global o, como mínimo, aceptarlo. El Plan de Keynes le legitima, una vez más, como un economista de talla mundial que se guiaba por un saludable instinto en favor de la política del bienestar y que, después de su muerte, se le simplificó injustamente como “Mr. Deficit Spending“. Sus ideas y pensamientos, precisamente hoy en día, pueden mostrar el camino para desarrollar conceptos que relacionen la razón económica con el bien común. Su Plan es su legado para “Un (único) Mundo“. Es el testamento que nos queda. Hasta el día de hoy.

   Todavía costará mucho llegar hasta allí. Ojalá sea sin derramamiento de sangre, pero seguro con sudor y lágrimas. Al fin y al cabo, fue el propio Keynes, nada más y nada menos, quien caracterizó su proyecto como un ideal, utópico en el sentido de que “exige un mayor grado de comprensión, de fuerza de espíritu, de innovación valiente, además de mayor cooperación y confianza en el ámbito internacional, de lo que se pueda conseguir de forma segura o sensata”.[46] Una cosa es cierta: el Plan Keynes no se sumergirá tan rápido en el sueño de la bella durmiente. Como Udo Jürgens dice al final de la canción: “¿Con 66? Todavía falta mucho para el final”. 

Referencias


[1]   Ver Keynes 1988.

[2]   Ver Betz 1998.

[3]   United Nations Conference on Trade and Development (en español: Conferencia de las Naciones Unidas    sobre Comercio y Desarrollo - CNUCYD)

[4]   Comparar en los siguientes Betz 1998, Betz 06/2000 y Betz 07-09/2000.

[5]   Keynes 1988, (v),Pág. 39.

[6]   Keynes 1988, Pág. 41.

[7]   Keynes 1988,Pág.. 41.

[8]   Comparar en Keynes 1988, Pág. 47.

[9]   Por ejmplo La entidad internacional con poder sobre el orden debería tener la posibbilidad de decidir junto con  la ICU  sobre la continuidad o no de la cuenta de un país miembro incumplidor, etc.

[10]  Keynes 1988, IV,Pág. 43.

[11]  Kregel 1988,Pág. 52.

[12]  Cita según Braunberger 02/07/2009.

[13]  Keynes 1988,Pág. 45.

[14]  En menor medida y regionalmente limitado el euro y el yen se han establecido como monedas líder.

[15]  Cita según Hankel 1986, Pág. 75.

[16]  Keynes 1988, (ii), Pág. 39.

[17]  Keynes 1988, Pág. 44.

[18]  Boehringer 2009, pág. 17.

[19]  Cita según Zoche, Georg: „Fue el dólar- y no la codicia“, Pág. 1.

[20]  Hersel / Trost 2008, Pág. 1.

[21]  Hersel / Trost 2008, Pág. 7.

[22]  Hersel / Trost 2008, Pág. 9.

[23] Daly 2009

[24] Publicado en alemán en  2007 en la editorial Gauke, comentarios sobre el libro de T.G.Betz in der ZfSÖ No. 160/161, Abril 2009, online bajor: http://www.zfsoe-online.de/ZfSO-160-161_Rez.pdf

[25] También publicado en la editorial Gauke,  Comentado por T.G.Betz in der ZfSÖ No. 160/161, Abril 2009, online bajo: http://www.zfsoe-online.de/ZfSO-160-161_Rez.pdf

[26]  Daly 2009.

[27]  Xiaochuan, Zhou 2009; Traducido por el autor.

[28]  Fischermann / Schieritz / Sieren 2009.

[29]  Braunberger 02/07/2009.

[30]  Braunberger 02/07/2009.

[31]  Cita según Boehringer 2009, Pág.. 22.

[32]  Boehringer 2009, Pág. 22.

[33]  UN 2009,Pág. 132.

[34]  UN 2009,Pág. 9, Traducido por el autor.

[35]  UN 2009, S. 110, Traducido por el autor.

[36]  Conway 2009, Traducido por el autor.

[37]  Comparar UNCTAD 2009, S. 123.

[38]  Comparar UNCTAD 2009, S. 130.

[39]  Comparar http://www.amerika21.de/nachrichten/inhalt/2010/feb/sucre-624353-geschaeft/ (05.02.2010).

[40]  Original en espanol: “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA-TCP”.

[41]  Comparar lo sguiente de Betz 1998, Betz 06/2000 y Betz 07-09/2000.

[42]  El sí en vista a su valuación del vencimiento del euro no estaba tan mal, como justamente se muestra en estos días.

[43]  Ver Hankel 1998.

[44]  George 2007.

[45]  Monbiot 2003,Pág. 184.

[46]  Cita según Braunberger 02/07/2009.

 

Bibliografía

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Hankel, Wilhelm: Euro – Ende des Sozialstaates, Schach dem Globalismus? Vortragsveranstaltung im Rahmen des Studium-Generale-Zyklus “Energie – Umwelt – Gesellschaft” im WS 1989/99 an der Freien Universität Berlin am 28.10.1998; dokumentiert im 4-seitigen Handout zu dieser Veranstaltung.

Hersel, Philipp / Trost, Axel: Das Modell von Keynes für eine Internationale Clearing Union – Eine geeignete Forderung der Linken in der aktuellen Finanzkrise!, in:    http://www.axel-trost.de/serveDocument.php?id=717&file=2/7/2479.pdf

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http://www.pbc.gov.cn/english/detail.asp?col=6500&id=178  (23.03.2009) Detaillink derzeit nicht funktionsfähig, Alternativweg http://www.pbc.gov.cn/ .

Zoche, Georg: Der Dollar war’s – und nicht die Gier, unveröffentlichtes Manuskript.

Zoche, Georg: Welt – Macht – Geld, Berlin und München, 2009. 

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